MORSE, Richard M.
El espejo de Próspero: un estudio de la dialéctica del nuevo mundo.
México, Siglo XXI, 1999.
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V. La revolución religiosa
Morse parte del supuesto de que en España se había forjado, desde antes de la Reforma protestante y del nacimiento de la ciencia moderna, una visión moderna del mundo cuyo soporte era "una estructura basada en los firmes cimientos de la autoridad divina y eclesiástica" -según Green. Por tanto, Morse identifica dos propuestas de modernidad (Iberoamérica y Angloamérica) que se fraguaron en un terreno político-religioso y en otro científico. Ambos terrenos son vinculados a decisiones tomadas históricamente dentro de circunstancias determinadas.
Así pues, desde una posición historicista, en lo que respecta al terreno político-religioso Morse sostiene que "la tradición católica y la nueva tradición protestante diferían de manera significativa" (51). Sin embargo, acepta no había un divorcio que separara tajantemente y de manera definitiva a ambas tradiciones.
Recordemos que para Morse en última instancia catolicismo y protestantismo forman parte de la matriz cultural occidental que se fue articulando a partir del siglo XII. De tal forma que Morse encuentra intercambios muy interesantes, aunque tiende a referirse nada más a las aportaciones del escolasticismo español dentro de la escolástica protestante y casi no destaca, por ejemplo, la influencia del luteranismo en "los ejercicios espirituales" de Loyola.
No obstante señala que la gran aportación de Loyola habría sido "sincronizar la conciencia con los propósitos públicos en un marco institucional". Luego Morse contrasta esto con la síntesis teológica protestante realizada por John Gerhard (1582-1637).
Según Morse, Gerhard crea una síntesis de dos modos de conocimiento que a su vez implican dos modos de racionalidad: la formal-objetiva del tomismo y la dialéctica personal de la teología protestante. De aquí Morse deduce las diferencias entre la tradición católica y la protestante.
En la católica prepondera la racionalidad tomista en donde la persona individual es importante en tanto ejemplo de un género o regla general. En la protestante prepondera la racionalidad dialéctica-personal en donde "las personas son únicas e idiosincráticas porque en lugar de ejemplificar un orden general representan el no-yo del conocedor" (56). De allí Morse saca su caracterización de Iberoamérica (católica), partidaria de la doctrina y el orden social y de Angloamérica, partidaria del pragmatismo y la auto-trascendencia.
Agrega: "la mente latinoamericana" tiende a una visión comprensiva y unificadora, mientras que la angloamericana, es empirista" (56). De aquí, sigue desprendiendo Morse diferenciaciones: de las premisas protestantes se desprende una sociedad basada en el pacto y en el principio nivelador e individualista y de las premisas católicas una sociedad orgánica basada en el principio jerárquico o arquitectónico.
De ambas tradiciones se puede esperar tanto la democracia como la tiranía. Pero ¿no estará Morse cayendo en un reductivismo, rompiendo, en última instancia, con su crítica dialéctica, que deliberadamente se mantiene en un horizonte donde priva el sobreentendido? No olvidemos que en la introducción al libro aquí comentado Morse nos dice, de manera explícita y con cierta ingenuidad, refiriéndose al concepto de "dialéctica": "No intentaré aquí una definición de este proteico término sino que simplemente confiaré en que mi variable uso resulte claro en el contexto" (p.9)
Ahora bien, es curioso que Morse viniendo de una tradición intelectual puritana derrame tan poca erudición cuando habla del protestantismo: no nos dice nada de la Reforma radical, nada del protestantismo norteamericano y sus asentamientos intelectuales, nada del protestantismo español: Casidoro de Reina, Juan de Valera, Francisco de Enzinas brillan por su ausencia. Pareciera que sus caracterizaciones del luteranismo clásico, sobre todo del alemán, son bastante estadarizadas. En su intento por reivindicar la idea de Iberoamérica, termina por darnos una imagen de Angloamérica bastante limitada, prefabricada desde un análisis prospectivo iberoamericanista que quiere reestablecerse en función de la "crisis" de Angloamérica.
Es decir, pareciera que Morse aprovecha el uso "variable de la dialéctica", que de forma deliberada asume desde la introducción de su libro, para determinar las diferenciaciones entre protestantismo y catolicismo, sin atender sus relaciones reciprocas. Se hace dialéctica en función de la fijación previa del protestantismo y cuando se trata de redefinir al catolicismo, en contraposición con la visión evolucionista, se le relativiza, pero sólo para refrendar la diferenciación fijada previamente del protestantismo. En otro momento esclareceremos mejor este uso de la dialéctica que recorre todo el interesante libro de Morse.
Por: Fernando Hernández González
Recordemos que para Morse en última instancia catolicismo y protestantismo forman parte de la matriz cultural occidental que se fue articulando a partir del siglo XII. De tal forma que Morse encuentra intercambios muy interesantes, aunque tiende a referirse nada más a las aportaciones del escolasticismo español dentro de la escolástica protestante y casi no destaca, por ejemplo, la influencia del luteranismo en "los ejercicios espirituales" de Loyola.
No obstante señala que la gran aportación de Loyola habría sido "sincronizar la conciencia con los propósitos públicos en un marco institucional". Luego Morse contrasta esto con la síntesis teológica protestante realizada por John Gerhard (1582-1637).
Según Morse, Gerhard crea una síntesis de dos modos de conocimiento que a su vez implican dos modos de racionalidad: la formal-objetiva del tomismo y la dialéctica personal de la teología protestante. De aquí Morse deduce las diferencias entre la tradición católica y la protestante.
En la católica prepondera la racionalidad tomista en donde la persona individual es importante en tanto ejemplo de un género o regla general. En la protestante prepondera la racionalidad dialéctica-personal en donde "las personas son únicas e idiosincráticas porque en lugar de ejemplificar un orden general representan el no-yo del conocedor" (56). De allí Morse saca su caracterización de Iberoamérica (católica), partidaria de la doctrina y el orden social y de Angloamérica, partidaria del pragmatismo y la auto-trascendencia.
Agrega: "la mente latinoamericana" tiende a una visión comprensiva y unificadora, mientras que la angloamericana, es empirista" (56). De aquí, sigue desprendiendo Morse diferenciaciones: de las premisas protestantes se desprende una sociedad basada en el pacto y en el principio nivelador e individualista y de las premisas católicas una sociedad orgánica basada en el principio jerárquico o arquitectónico.
De ambas tradiciones se puede esperar tanto la democracia como la tiranía. Pero ¿no estará Morse cayendo en un reductivismo, rompiendo, en última instancia, con su crítica dialéctica, que deliberadamente se mantiene en un horizonte donde priva el sobreentendido? No olvidemos que en la introducción al libro aquí comentado Morse nos dice, de manera explícita y con cierta ingenuidad, refiriéndose al concepto de "dialéctica": "No intentaré aquí una definición de este proteico término sino que simplemente confiaré en que mi variable uso resulte claro en el contexto" (p.9)
Ahora bien, es curioso que Morse viniendo de una tradición intelectual puritana derrame tan poca erudición cuando habla del protestantismo: no nos dice nada de la Reforma radical, nada del protestantismo norteamericano y sus asentamientos intelectuales, nada del protestantismo español: Casidoro de Reina, Juan de Valera, Francisco de Enzinas brillan por su ausencia. Pareciera que sus caracterizaciones del luteranismo clásico, sobre todo del alemán, son bastante estadarizadas. En su intento por reivindicar la idea de Iberoamérica, termina por darnos una imagen de Angloamérica bastante limitada, prefabricada desde un análisis prospectivo iberoamericanista que quiere reestablecerse en función de la "crisis" de Angloamérica.
Es decir, pareciera que Morse aprovecha el uso "variable de la dialéctica", que de forma deliberada asume desde la introducción de su libro, para determinar las diferenciaciones entre protestantismo y catolicismo, sin atender sus relaciones reciprocas. Se hace dialéctica en función de la fijación previa del protestantismo y cuando se trata de redefinir al catolicismo, en contraposición con la visión evolucionista, se le relativiza, pero sólo para refrendar la diferenciación fijada previamente del protestantismo. En otro momento esclareceremos mejor este uso de la dialéctica que recorre todo el interesante libro de Morse.
Por: Fernando Hernández González

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